Monday, 4 May 2015

Sketch 2: The great escape


 By The Elk
 
 
 
Storia I:
 
Quando ero piccola avevo paura del buio, dei mostri, di tante cose. In realtà non si dovrebbe avere paura di tutte queste cose, ma è una cosa che impari quando sei più grande e proprio perché hai avuto paura da piccola, altrimenti non te ne accorgeresti. Quando diventi grande (si può dire che diventiamo grandi? In fondo, che vuol dire essere grandi? Ma per questa volta lasceremo perdere…) inizi ad avere paura di altre cose, forse più concrete, o forse solo più noiose, più grigie.
Alla fine, senza accorgertene, inizi a pensare solo a ciò che una cosa è e ciò che devi fare perché una cosa sia, senza sognare, senza sperare, e disegni tutto un tratto, nero, spesso, solido, intorno alla tua vita.
Questo maledetto tratto lo odio, non mi piace per niente. Che me ne faccio di quello che ho dentro a questo spazio limitato quando posso avere tutto quello illimitato nella mia mente? Magari più colorato, più interessante. Una città invisibile, una città di carta, una città di fuoco, oppure neanche una città, un mondo, un cielo, una pianura, che mi importa? È tutto quello che può essere e non essere.
 
Alla fine fuggire è stato facile, è bastato immaginare una fune.
 
Scritto da: Blair
 
 
Historia II:
 Era el límite. Sabía que lo era. No podía más:
 
La presión en el pecho. La dura contracción de los abdominales. Se encorvó ligeramente. Esas punzantes e interminables arcadas… La garganta bloqueada por esa lágrima que se niega a salir. El grito de auxilio, ahogado, no llega a gemido. Con resignación aprieta la mandíbula mientras es corroído por la impotencia.
 
Una lágrima, ácida y demoledora, pero no más que psicológica, deja su rastro hasta caer sobre el pecho. Ambas lágrimas se encuentran, una inexistente y dolorosa, la otra salada y orgullosa. A ambas las sigue la mano, que aprieta ahora, mientras se oye un sollozo. Dolería donde estaría el corazón, si todavía lo tuviera.
 
Rodillas al suelo, la frente al glaciar de la baldosa, sin darse al lujo de haber cerrado antes los ojos. Si ha de abrirlos más, al darse cuenta, perplejo, de su situación. Los ojos rojos, indudablemente rojos. Una gota de sudor, de las ya excesivas que cubrían su entumecido cuerpo se escurrió por la marmórea cara para diluirse en el ensangrentado ojo. ¿A hacer compañía a sus también saladas amigas? Independientemente del motivo, sin duda fue la gota que colmó el vaso.
 
Sí, le esperaba la muerte. Sí.
 
Eso pensaba mientras miraba con sus ensangrentados ojos de su fría cara de su paralizado cuerpo el suelo.
 
Nada hizo que dejara su casi fetal posición hasta un otro golpe en el pecho. Uno no.
El golpe. Ese golpe. El tal. El uno. El suyo. Su golpe.
 
Jamás lo habría podido aguantar. Este no era su mundo. Ni lo sería nunca. Pero no es que importe ya. Porque polvo es. Porque a la nada se reduce su existencia. Y de la nada no tiene sentido desperdiciar ni una palabra más.
 
Escrito por: Garrodi
 
 
 
 
 
 
 

 



 


No comments:

Post a Comment